domingo, 3 de junio de 2012

Mi hijo es una buena persona (y el tuyo también)



Un día sin risa es un día desperdiciado

Cada vez me relaciono menos con cierto tipo de madres. Voy con mi hijo al parque y me llevo un libro para entretenerme y aprovechar el tiempo. La mayoría de las madres que llevan a sus hijos al parque cerca de mi casa centran sus conversaciones exclusivamente en

a) la escuela
b) lo malos que son sus hijos

Yo no sé si lo creen realmente o si sólo repiten tópicos para tener algo de que hablar. Da igual lo pequeño que sea el niño, su madre lo presentará como un pequeño tirano que usa todo tipo de estrategias malévolas para salirse con la suya. Salirse con la suya, ¡ah, qué expresión más detestable!

Esta semana pasada, sin ir más lejos, un grupo de madres estaba hablando de las rabietas de sus hijos y de cuáles son los mejores métodos para acabar con ellas. Escuché barbaridades varias, mientras trataba de concentrarme en la lectura. De repente, oí la voz de mi hijo que les decía:

"cuando yo me enfado mucho, mi madre hace tonterías".

Y tiene razón: mi arma secreta anti-rabietas es el humor, unido a la creencia absoluta de que mi hijo es una buena persona. Probadlo, que hace maravillas. Porque vuestros hijos también son buenas personas.



miércoles, 30 de mayo de 2012

Gente fake

Eres tan falsa que incluso Barbie está celosa
 
No quería volver a hablar de este tema, que ya bastantes disgustos me he llevado, pero parece ser que mi entrada de ayer se ha malinterpretado. Creo que se han dado por aludidas personas a las que, precisamente, no me estaba refiriendo cuando critiqué ciertos tipos de blogs.

Para dejar las cosas claras y cerrar el asunto: por supuesto que la búsqueda de la perfección no sólo es lícita sino que es necesario y recomendable; por supuesto que la belleza es algo bueno que alegra el día y la vida. Por supuesto que hay madres maravillosas que hacen cosas maravillosas con sus hijos. Por supuesto que sí.

Yo misma devoré una gran cantidad de blogs cuando empecé a educar en casa. Los leía de principio a fin, del derecho y del revés, los guardaba en "mis favoritos", copiaba sus recursos, sus ideas y hasta su estilo cuando empecé mi propio blog (uno que no es éste). Pero pasó esa fase (igual que se me pasó la fase de leer libros y blogs sobre crianza respetuosa), dejé la blogosfera y, poco a poco, fui haciendo criba de blogs en mi reader. Algunos porque, simplemente, no me aportaban ya nada. Que no significa que no le puedan aportar mucho a sus autoras y a muchos lectores, ojo.

Hay blogs prácticamente perfectos en los que se nota que detrás hay gente real, con vidas reales. Pero [y aquí viene el meollo de la cuestión] los blogs del tipo Bree Van de Kamp me suenan muy muy falsos. Me suenan tan falsos que pienso que sus autoras dedican más tiempo a la previa ya la crónica de las actividades que a disfrutar de ellas con sus hijos. Me dan pena esas madres que quieren convertirse en una mezcla de Martha Stewart y Marla Cilley, incluso a pesar de sus hijos y de ellas mismas. La diferencia entre ellas y yo, es que yo no les escribo a su email para decirles de todo menos guapa. Como dije ayer, al que no le guste este blog, simplemente, que no lo lea. O que lo lea y se abstenga de comentar si lo único que le sale son insultos y exabruptos, porque de esas cosas no quiero por aquí ni por email. 
Yo seguiré aquí, contando lo bueno y, sobre todo, lo malo de mi vida como madre homeschooler. Ustedes vomiten lo que quieran pero que sea en sus blogs, en sus foros privados y en sus largas sesiones de Skype hasta altas horas de la madrugada, mientras otras estamos durmiendo porque por la mañana nos hemos de hacer cargo de nuestros hijos.



lunes, 28 de mayo de 2012

Neuralizando, que es gerundio

Dejé de escribir aquí después de recibir varios comentarios no muy agradables. Parece ser que algunos lectores no comprendieron que la esencia de este blog es 50% desahogo personal y 50% humor e ironía. Fifty fifty. Lo sé, soy una persona que desata pasiones: o me aman, o me odian. No en vano el post más leído es uno titulado Blogs de homeschooling que odio. Con él no pretendía desmerecer a todas esas madre blogueras que comparten recetas de cocina, que hacen miles de actividades maravillosas con sus maravillosos hijos, que tienen métodos para todo, ya sea enseñar a leer o limpiar el retrete. Que seguro que sus blogs tienen mucho público, no lo dudo, y seguro que le hacen mucho bien a determinadas personas, incluídas sus propias autoras.

Después recibí varios comentarios de ánimo, gente que me contaba cómo se había reído con una u otra entrada, o cómo se había sentido identificada con tal o cuál comentario. Y pensé que, qué coño, al que no le guste, que no me lea.

Anyway, lo que venía a contarles es que mi hijo se ha convertido en un hombre de negro. Vimos la I y la II en casa antes de ir al cine a ver la III y ahora se pasa el día vestido de negro, con corbata, gafas de sol y un cachivache que le sirve de neuralizador.

He pensado que yo también voy a neuralizar a los que me escribieron comentarios feos, así que, si son tan amables de mirar hacia aquí... Aquí no ha pasado nada, ustedes no han leído ningún post que cuente lo malo del homeschooling y este blog no existe.

martes, 13 de marzo de 2012

Las horas



A mi lo de los horarios me cuesta un poco, qué queréis que os diga.

Nunca me ha gustado que me impusieran horarios, ni para comer, ni para dormir, ni para trabajar ni nada de nada.  Las pocas veces que he tenido trabajos en los que tenía que cumplir un horario lo he pasado francamente mal. Y he llegado a la conclusión de que no vale la pena.

Pero, claro, el problema viene cuando conviven varias personas con ritmos absolutamente distintos. O las épocas en que mi hijo dormiría duerme hasta las dos del mediodía y mi superyo escolarizado sigue pensando que algo debería cambiar.



sábado, 10 de marzo de 2012

Opina que algo queda

Súbeme, Scotty. No hay vida inteligente ahí abajo.


 
Vale. Al final me he cabreado. Me ha cansado de escuchar las opiniones de gente que no tiene ni puta idea de lo que es el homeschooling.

Es típico: un programa de TV decide hacer un reportaje sobre educación en casa y sale a la calle para preguntarle a la gente. Y es típico que esa gente reconozca no saber nada del tema ni, mucho menos, conocer a familias que eduquen de esta forma. Y, sin embargo, se atreven a dar su opinión usando un tono de convencimiento absoluto de estar dando LA opinión correcta.

¿Acaso opino yo sobre si los vegetarianos pueden alimentar a sus hijos con una dieta estrictamente vegetariana y, en su caso, sobre cómo deberían o no deberían hacerlo? ¿Opino sobre lo que deberían darles de comer y sobre si deberían darles o no suplementos? Por supuesto que no, porque ni soy vegetariana, ni soy nutricionista, ni soy médico ni tengo ni puta idea de este tema. Y, sobre todo, porque lo que hagan los vegetarianos con sus hijos no es asunto mío.

Pero, cuando se trata de educación en casa, todo el mundo se atreve a sentenciar. Mucha gente parece tener clarísimo que sí es legítimo educar en casa siempre que se proporcionen unos contenidos mínimos y que los padres estén suficientemente capacitados.

Pero, vamos a ver, ¿quién va a determinar cuáles son esos contenidos mínimos? ¿Quién va a decidir cómo se valora la capacitación de los padres? ¿Dónde vamos a tirar la línea?

El ejemplo clásico es éste: si un niño de 12 años no sabe leer con corrección, es que sus padres no lo están educando adecuadamente y, por tanto, se les debería obligar a escolarizarle. Bien, sólo voy a decir dos cosas:

1) Si una persona, más tarde o más temprano, aprende a leer con corrección, ¿qué más da que haya aprendido a los 3 años, que a los 7 o a los 15? ¿Cuál es la diferencia entre un niños que a los 5 no lee y otro que no lee a los 12?

2) Las escuelas están llenas de niños de 12 años (y más) que no leen con corrección y, sin embargo, a nadie se le ocurre obligar a desescolarizarles. Porque leer no es sólo juntar letras. Leer es, sobre todo, desarrollar la habilidad de la comprensión lectora. Hay estudiantes universitarios que, después de leer un artículo de dos páginas, son incapaces de explicarte su contenido o de resumirte las ideas fundamentales.